1 Es una de las dependencias que mejor identifica al Instituto Sagasta. Todos los que trabajamos en este centro debemos sentirnos orgullosos de poder contar con estas instalaciones y estas magníficas dotaciones de material que nos han legado los que a lo largo de la historia del centro se esforzaron por crear una dependencia tan atractiva y rica. Como no podía ser menos, en la actualidad todo el inventario de libros y materiales que contiene están debidamente informatizados y disponibles para ser consultados a través de Internet.


La biblioteca está considerada como un espacio educativo más del Centro. En ella se encuentran, debidamente catalogados, distintos materiales necesarios para el desarrollo de la tarea docente gestionados bajo la atenta supervisión de unos profesores -miembros del claustro- con cualificación suficiente en materia de biblioteconomía y dedicados a esta tarea de manera exclusiva. La principal razón de ser de esta dependencia es la de apoyar la totalidad del currículo. Es un lugar de aprendizaje en el que alumnos y profesores tienen a su alcance una gran diversidad de recursos educativos y pueden poner en práctica una metodología más activa y participativa. La biblioteca se transforma así en un lugar de encuentro, un espacio de comunicación e intercambio en el que desarrollar experiencias interdisciplinares y abordar los contenidos transversales al currículo. La utilización de la biblioteca plenamente integrada en el proceso pedagógico del centro favorece la autonomía y la responsabilidad de los alumnos en su aprendizaje. Es el lugar idóneo para la formación de los escolares en el uso de las diversas fuentes de información y para fomentar la lectura como medio de entretenimiento y ocio.

Principios generales.

La biblioteca es, ante todo, un lugar de aprendizaje, de encuentro y comunicación, integrado en el proceso pedagógico para favorecer la autonomía y responsabilidad del alumno. La biblioteca recoge todos los recursos bibliográficos, informativos y didácticos en general: no solo los documentos impresos en papel (libros, revistas, periódicos), sino todos aquellos soportes en los que poder hallar información. La gestión de la biblioteca es centralizada, si bien está en permanente contacto y colaboración con los diferentes Departamentos. La biblioteca está abierta al exterior, relacionándose con su entorno social y cultural, colaborando con otras instituciones utilizando, para ello, las nuevas tecnologías.

Objetivos Generales.

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  1. Proporcionar un continuo apoyo al programa de enseñanza y aprendizaje e impulsar el cambio educativo. Asegurar el acceso a una amplia gama de recursos y servicios.
  2. Dotar a los alumnos de las capacidades básicas para obtener y usar una gran diversidad de recursos.
  3. Habituarlos a la utilización de las bibliotecas con finalidades recreativas, informativas y de educación permanente.

Funciones Generales.

  1. Recopilar toda la documentación existente en el centro, así como los materiales y recursos didácticos relevantes, independientemente del soporte.
  2. Organizar los recursos de tal modo que sean fácilmente accesibles y utilizables.
  3. Hacer posible su uso cuando se necesiten, mediante un sistema de información centralizado.
  4. Establecer canales de difusión de la información en el centro educativo, contribuyendo a la creación de una fluida red de comunicación interna.
  5. Difundir entre alumnos y profesores información en diferentes soportes para satisfacer las necesidades curriculares, culturales y complementarias.
  6. Ofrecerles asistencia y orientación.
  7. Constituir el ámbito adecuado en el que los alumnos adquieran las capacidades necesarias para el uso de las distintas fuentes de información.
  8. Colaborar con los profesores para la consecución de los objetivos pedagógicos relacionados con este aspecto.
  9. Impulsar actividades que fomenten la lectura como medio de entretenimiento y de información.
  10. Actuar como enlace con otras fuentes y servicios de información externos y fomentar su uso por parte de alumnos y profesores.

Nuestros medios materiales.

La Biblioteca se sitúa en la planta baja del edificio con acceso independiente, próximo a la entrada principal del establecimiento. Cuenta con una superficie de unos 400 metros cuadrados útiles, 96 armarios de madera de puertas acristaladas con siete anaqueles, en cada uno de los que se sitúan en la planta baja, y otros cinco los que se sitúan en la galería alta, a la que se accede por unas escaleras de caracol. Dispone de 110 puestos de lectura repartidos en cinco espacios diferentes, alguno de los cuales puede utilizarse para trabajo en grupo, tutorías, o investigación. Hay una sala de informática -anexa- que tiene 112 puestos de trabajo conectados a Internet con ADSL. Los equipos están dotados con programas de tratamiento de textos, bases de datos, hojas de cálculo, enciclopedias, diccionarios y otros programas educativos. En la misma sala de la Biblioteca hay otros dos ordenadores para el uso exclusivo de los profesores y seis portátiles para uso de alumnos y profesores conectados, estos últimos, a una red inalámbrica. Hay dos  impresoras (blanco/ negro y color), un escáner y todos los equipos disponen de tarjeta gráfica y de sonido. Para la gestión de la Biblioteca hay un viejo programa en MSDos que permite el registro y préstamo de los distintos fondos.

Actualmente atienden la biblioteca  D. Fernando Blanco y Doña Teresa Bonet.

SU HISTORIA.

(Informe elaborado a partir de los trabajos
 de D. Fernando Blanco, bibliotecario actual
 y al que desde
 esta  página agradecemos su colaboración)

Desde sus inicios hasta 1896.

El Duque de RivasSiguiendo las indicaciones emanadas del Plan de Estudios redactado por Nicomedes Pastor en 1847 por Real Orden de 6 de agosto de 1850 se aprueban las obras para la construcción de una biblioteca en el Instituto de Segunda Enseñanza de Logroño.
          
Tal como detalla el arquitecto Ildefonso Santiago Palomares, autor del proyecto de construcción de la biblioteca, se requería de la ejecución de otras obras para que pudiese llevarse ésta a efecto. Se trataba de hacer una entrada independiente a las escuelas de la ciudad por el punto que se denominaba de la “seda”, por ser allí donde se situaron los talleres de la ciudad destinados para ese menester. Deberían construirse
en la planta baja unos nuevos "comunes" para el Instituto dado que el lugar que ocupaban en la segunda planta, era el escogido para situar la nueva dependencia que se proyectaba.

Las obras iban a depender de dos organismos diferentes y era necesario esperar a que estos se hiciesen cargo de las distintas cantidades. El Ayuntamiento de Logroño ya tenía partida reservada para las obras que afectaban a las escuelas de la ciudad. Por su parte, el estado aprobó las obras de la biblioteca comprometiendo a la Comisión Provincial de Monumentos en el costeo de 3.000 reales de los 3.972 en que estaban presupuestadas.

Finalmente las obras fueron financiadas por la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, que presupuestó los citados 3.000 reales y el resto, por los fondos del propio Instituto. Adjudicadas a Félix Ayala, y una vez finalizadas, este hizo entrega de las mismas en el mes de marzo de 1851.

En octubre de 1852, la Ilustre Junta Inspectora y la Dirección del Centro encargan al catedrático don Antonio Osés Irisarri, la formación del índice de los volúmenes incorporados hasta ese momento a la biblioteca del Instituto. Ayudado por don Lázaro Manso Leonardo, también catedrático del centro, lo finalizó en junio de 1853.

El primer índice quedó formado por 2.254 volúmenes de los que 2.202 se correspondían a los fondos depositados por la Comisión de Monumentos, que tenía a su cargo los provenientes de los centros religiosos de la capital y de la provincia. También se incluyen en este índice los 52 volúmenes correspondientes a las compras efectuadas con fondos propios del Instituto o a diversas donaciones del ministerio.
Libro de los Carmelitas Descalzos
En julio de 1853, el rector del distrito universitario de Zaragoza aprueba el nombramiento del primer bibliotecario de la biblioteca del Instituto y Provincial de Logroño, que recae en la persona del catedrático de psicología, lógica y filosofía moral, don Antonio Osés Irisarri.

En septiembre de 1857, Claudio Moyano promulga la Ley de Instrucción Pública y en julio de 1858 se crea el cuerpo de archiveros y bibliotecarios, que debía hacerse cargo de los establecimientos del ramo a los que aquella consideraba dependientes de Instrucción Pública y entre los que se encontraban las bibliotecas. No obstante, los diversos reglamentos de Segunda Enseñanza y los reglamentos del citado cuerpo, fueron dictando que aquellas bibliotecas de institutos a las que se les tenían agregadas las provinciales que no alcanzasen los 5.000 volúmenes, continuasen con el mismo régimen de dependencia y organización del centro por el cual habían sido creadas.
Desde enero de 1865 hasta febrero de 1874, suceden en el cargo al primer bibliotecario otros cuatro catedráticos del instituto: don Manuel Garrido Osorio, don Pedro Arza Aranaz, don Celestino Apelléniz y don Gabino Moren Cabezón que se responsabilizan por encargo del rectorado y a propuesta del claustro del funcionamiento interno de la biblioteca,
La biblioteca dispuso de un presupuesto que osciló entre los 1.000 reales anuales de los primeros años, los 100 escudos que dispone desde 1864 hasta 1869 y las 500 pesetas que se citan en el presupuesto para el curso 1874/75. Con estas cantidades se atendían algunas obras menores, adquisiciones de material de escritorio y de nuevos volúmenes, y las encuadernaciones de aquéllos que se tenían en rústica o en fascículos.
El 9 de febrero de 1874, el rectorado aprueba el nombramiento como bibliotecario de la biblioteca del Instituto y Provincial de Logroño del catedrático de retórica y poética, don Mariano Loscertales Ruata, que desempeñará el cargo hasta el 25 de junio de 1891, fecha en que es nombrado director del centro.

Da comienzo así uno de los períodos más fructíferos de la biblioteca en esta primera etapa de su funcionamiento: se realizan mejoras en el espacio físico y se amplían aparadores, se adquieren mesas, sillas y tinteros; se realiza la labor de formar un nuevo índice general de acuerdo al método "Brunet"; se aumenta la dotación económica hasta alcanzar la cantidad de 750 pesetas anuales; se comienza a tramitar el registro provisional de la propiedad intelectual y se aumenta la gratificación del bibliotecario hasta alcanzar las 750 pesetas anuales; la biblioteca se abre al público en general el día 20 de mayo de 1878 en horario de 10 a 13 horas.

El Curso 1887/88 los Institutos Provinciales pasan a depender del estado y el reglamento del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios dicta que las bibliotecas de menos de 25.000 volúmenes (denominadas de tercera clase) son de competencia del mismo. La normativa no alcanza sin embargo a esta biblioteca y el 7 de julio de 1891 el rector nombra como bibliotecario al catedrático del Instituto don Roque Cillero Plágaro.

En el curso 1890/91, constan las primeras adquisiciones independientes para la biblioteca provincial y para la del Instituto y en el curso 1891/92, el Registro de Propiedad Intelectual, iniciado años antes, pasa a depender de la biblioteca provincial.

El 26 de julio de 1892, se dicta el Real Decreto por el que se suprimen distintos cargos en la Segunda Enseñanza con el propósito de restablecerlos más adelante si las circunstancias lo permiten. En cumplimiento de este decreto se suprime la plaza de bibliotecario del Instituto y provincial de Logroño, aunque don Roque Cillero continúa hasta mayo de 1893 por encargo del rectorado.

El 12 de junio de 1893 el rectorado nombra al catedrático de Geografía e Historia, don Antonio Torres Tirado, como primer bibliotecario de la particular del Instituto de Logroño que, con carácter gratuito, también lo es de la biblioteca provincial al no haber ningún miembro del cuerpo facultativo correspondiente adscrito a esta responsabilidad.

El día 9 de diciembre de 1893 se realiza un inventario de los enseres del instituto y en ellos constan 6.732 volúmenes en la biblioteca provincial y 202 volúmenes en la biblioteca particular confirmando la división de las dos bibliotecas.
Roque Cillero Plágaro
Debemos esperar hasta el 10 de enero de 1896 para encontrar el decreto que da carta de naturaleza a la biblioteca provincial de Logroño que sigue, sin embargo, a cargo de un catedrático del Instituto hasta varios años más tarde.

 

Mientras duraron las obras de construcción del nuevo edificio del Instituto, los volúmenes de la provincial fueron depositados en el asilo provincial y la biblioteca particular pasó a los locales que el Instituto ocupó provisionalmente en la calle Barriocepo.

 

Desde 1896 hasta 1943

1940. Biblioteca Particular del Instituto y Sala de Profesores.Desde los comienzos del curso 1900/1901, la biblioteca particular del Instituto y la biblioteca provincial, ocuparon espacios diferentes en la primera planta del nuevo edificio y tuvieron distintos encargados, aunque ambos siguieron siendo catedráticos del Instituto.

El día 5 de abril de 1899 se produce el acto formal de entrega de la biblioteca provincial por parte de la dirección del centro al jefe del archivo de hacienda, don Sotero Irasarri Martínez, miembro del Cuerpo Facultativo, que compartiría durante unos años su trabajo con el de bibliotecario hasta que en 1907 se ocupó en exclusiva de este puesto.

 

Miguel Noain Balda Desde abril de 1902 hasta junio de 1937 ejercieron el cargo de bibliotecarios los siguientes catedráticos: don Antonio Torres, don Eulogio Gómez Pérez, don Marcos Martín Lacalle, don Isaac Guadán Gil, don José Turrientes Alonso, don Miguel Noain Balda, don José ñate Guillén, don Eugenio Asensio Barbarín, don Ángel Sáenz Melón, y don José Fradejas Sánchez.

Desde el 15 de mayo de 1932 las bibliotecas provinciales pasaron a denominarse bibliotecas públicas.

Durante este largo período debemos reseñar que la biblioteca particular del Instituto se fue enriqueciendo, bien por distintas donaciones de particulares y corporaciones así como por la utilización de los recursos económicos que se ponen a su alcance para nuevas adquisiciones, suscripciones y encuadernaciones diversas. De entre las donaciones merecen destacarse las efectuadas en 1906 por el Senador José Sáenz Luque (170 volúmenes de los siglos XVI/XVII/XVII) y la de otros 472 volúmenes efectuada en 1920 por el que fuera vice-cónsul de Chile y Brasil, Pedro Muñoz Gil.
                                                                                
José Oñate Guillén
El primer inventario conocido ordenado por materias por el señor don Ángel Sáenz, es del curso 1932 y aunque está incompleto se pueden presumir un total aproximado de 3.500 volúmenes. La biblioteca particular es de uso exclusivo de los profesores, aunque cualquier alumno o persona ajena al Instituto puede consultar los fondos con la presencia de cualquiera de los claustrales.

En agosto de 1938 se dicta la Orden sobre organización de bibliotecas en organismos docentes según la cual los jefes de biblioteca de Instituto serán aquellos que ostenten el cargo de las provinciales de Instituto, denominadas públicas. En virtud de esto, el 5 de septiembre de 1938 se nombra a doña Juana Molina Fajardo, del Cuerpo facultativo, al servicio de las bibliotecas del Instituto. Esta facultativa, en 1938 inicia la labor de abrir el primer libro registro de la particular del Instituto, dando un número correlativo a cada uno de las obras que recibe de sus antecesores y cuya secuencia es la que actualmente se sigue.

En marzo de 1939 se amplían las normas de servicio de las bibliotecas del Instituto y se propone el préstamo a domicilio y la ampliación de horario de atención al usuario. La jefe de las bibliotecas se encarga de la formación de un nuevo Índice de la particular para ponerla, igual que la pública, a disposición de los alumnos.

El curso 1941/42, entre distintas obras de reforma del centro, la biblioteca pública estrenó nuevo local en la planta baja, a la entrada del edificio, Su nuevo bibliotecario, don Ramón Gil Miquel fue también, desde agosto de 1941, bibliotecario de la particular del Instituto que seguía manteniéndose en la primera planta, entre las demás dependencias administrativas.

Las estadísticas citadas en la memoria del Centenario del Instituto en el curso 1942/43, hablan de 114 volúmenes prestados a profesores, 1.170 a estudiantes y 249 a otros; haciendo un total de 5.682 obras consultadas. También se cita que el horario de apertura de las Bibliotecas se hace entre las 9'30 y las 13 horas.

En los presupuestos de gastos del Instituto para este período, se refleja la dotación de la biblioteca particular del Instituto: 361'78 pesetas en el curso 1896/97, 869'15 pesetas en el curso 1917/18, 1.500 pesetas en el curso 1931/32 o las 8.644'43 pesetas del curso 1940/41.
Desde 1943 hasta 1994
José María Lope Toledo
Cesáreo Goicoechea RománoEl día 12 de diciembre de 1943 toma posesión como bibliotecario de las bibliotecas del Instituto el facultativo don Cesáreo Goicoechea Romano que permanecerá  en el cargo hasta marzo de 1953.                                     
A partir del decreto de 24 de julio de 1947, la biblioteca particular del Instituto, pasa a considerarse como una biblioteca pública más, pues así queda estipulado para todas las adscritas a centros de Enseñanza Superior y Media.En 1953 sustituyó a Goicoechea, en la Jefatura de las bibliotecas del Instituto, la facultativa doña Elisa Sáenz de la Torre Aparicio que por motivos personales tuvo que pedir enseguida una excedencia.

Aprovechando que en Noviembre de 1953 se dicta el Reglamento General de Centros de Enseñanza Media en el que se readscriben las bibliotecas de estos centros y se estipula que estén a cargo de un profesor-bibliotecario, se encarga la dirección de las bibliotecas del Instituto de forma interina, a la profesora adjunta de literatura, doña Luisa Iravedra Merchante a quien sucede, en junio de 1954, también con carácter interino, don José María Lope Toledo. En febrero de 1955, retoma su puesto la facultativa doña Elisa Sáenz de la Torre, que continua en esta función hasta mayo de 1957.

El 31 de julio de 1958 se hace cargo de la biblioteca pública don David Torra, quien también se ocupa de la dirección facultativa de la particular del Instituto. Continuó en el cargo hasta 1964.
           
En el curso 1962/63, entre las reformas del Instituto, tuvo lugar la creación de un espacio para biblioteca particular de alumnos, llamado vulgarmente "La Biblioteca del pasillo" porque el espacio se habilitó cerrando el pasillo de la primera planta del ala sur, aprovechando la luz que recibía por los cinco ventanales del claustro.
           
El espacio de la biblioteca particular de profesores fue convertido en aula y los armarios y volúmenes de ésta se trasladaron a la nueva dependencia, que se pasó a denominar biblioteca general del Instituto.

Por acuerdo del claustro, la nueva biblioteca particular de alumnos quedó a cargo del seminario de Literatura, siendo su máxima responsable doña Luisa Iravedra, con el encargo de efectuar las nuevas adquisiciones y la puesta en marcha del servicio de préstamo.

Es en ese mismo curso 62/63, cuando constan las primeras 300 adquisiciones, para ésta biblioteca, con independencia de las adquisiciones efectuadas para la particular de profesores, que compartía los armarios de la misma biblioteca general.

En el curso 1967/68, dado el creciente número de lectores, se hizo preciso que además de los profesores del seminario, entre los que se encontraban doña Eloísa Piudo Moreno y doña Purificación Martínez Oca, se contase con la colaboración de algunos alumnos para su normal funcionamiento.

El presupuesto del Instituto para dotación de sus bibliotecas particulares, señalaba en los años 60/73, entre unas 15.000 y 20.000 pesetas anuales.

Entre 1971 y 1975 se produce el auge del funcionamiento independiente de los seminarios que reclaman los fondos de la biblioteca general para formar las bibliotecas de los seminarios, que quedan al cargo de los profesores adscritos a los mismos. Se respetan los números de registro de los volúmenes pero se les incluye una nueva numeración, independiente para cada uno de los seminarios.

En la biblioteca general quedan los fondos "antiguos", los fondos "generalistas" y los correspondientes al seminario de Lengua y Literatura, al cargo de los profesores adscritos a este seminario. Destaca, como así se hizo notar en uno de los claustros, la generosa labor de atención al servicio de préstamo, desarrollada en horas de recreo por la profesora de Lengua Española, doña Eloísa Piudo.

 En el curso 1979/80, con el fin de reunificar los fondos bibliográficos del Instituto, se hacen cargo de la biblioteca general del Instituto, un grupo de profesores de distintos seminarios que se encargan de la labor de control y re-catalogación de los volúmenes repartidos por todas las dependencias del Instituto:
 
Griego: don Tomás Mingot
Lengua y Literatura: don Domingo Pérez Quibén
Historia: don Florencio Ramírez Ochagavía
Filosofía: don Roberto Hernández y don José Moraga

El curso 1981/82 se hace un inventario de libros del Instituto que totaliza 7.685 volúmenes, de los que 51 están en la sala de visitas, 63 en la capilla, 4.352 en la biblioteca generall y 3.399 en los Seminarios.
1965. Visita del Director General de Enseñanzas Medias a la Biblioteca

El presupuesto de ese mismo curso 1981/82 para dotación de la biblioteca general del Instituto fue de 100.000 Pesetas. En los cursos sucesivos el presupuesto de gastos engloba la dotación de Seminarios, Biblioteca y Laboratorios y asciende, en el curso 1983/84 a 380.000 Pesetas y a 410.000 pesetas en el curso siguiente.
 
Al finalizar el curso 1985/86, en el libro general de registro de volúmenes del Instituto  queda registrado el volumen 11.329

El funcionamiento de la biblioteca general del Instituto en la década de los ochenta suscitó diversos debates en el seno del claustro de profesores: adquisiciones de fondos de distintas materias, dotación presupuestaria para la biblioteca general y para las de los seminarios, servicio de préstamos, horario de apertura y responsables de la atención facultativa y diaria de la general.

En el curso 1986/87, don Aurelio Rodríguez, profesor de Lengua Española, propone como tema de estudio monográfico del claustro de profesores: "El papel real de la biblioteca", llegando a ser tratado por el propio Consejo Escolar. Entre las conclusiones emanadas de los distintos debates constan la reclamación de la recuperación de la figura del bBibliotecario y el establecimiento de un horario amplio y fijo para la atención de los distintos servicios de préstamo y consulta en la biblioteca general del Instituto.

Conociendo que la biblioteca pública estaba desarrollando un proyecto para situarse en otros locales -totalmente independientes del Instituto- la dirección del centro consiguió del ministerio la garantía de la titularidad del Instituto sobre los locales que la pública venía ocupando en la plata baja, comprometiéndose a elaborar un proyecto de re-utilización de los mismos.

El 24 de febrero de 1988 el claustro se dio por enterado de que los locales ocupados por la pública ya habían sido desalojados y que las llaves serían entregadas a la dirección del centro por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes a instancias de la Dirección Provincial del Ministerio.

En octubre de 1988 se incorpora al Instituto, como profesora especial,  doña Mº Teresa Bonet Bordenave- Gassedat que pasa a desempeñar la función de profesora-bibliotecaria a tiempo completo en jornada de mañana.

Hechos los arreglos más elementales del espacio que se recibe de la biblioteca pública, la dirección del centro decide liberar el espacio de la biblioteca general, para dedicarlo a nuevas aulas y pasar todos los fondos al nuevo espacio de la planta baja. De esta labor se encarga la nueva profesora-bibliotecaria y, desde enero de 1989, el profesor don Aurelio Rodríguez. A principios del curso 1989/90, siguiendo un plan de bibliotecas que el propio profesor había diseñado, se incorpora con una reducción de jornada docente, como coordinador del citado plan de bibliotecas.

Se retoma el libro de registro de volúmenes en el registro 12.821 y se inicia la labor de catalogación de todos los volúmenes que se van incorporado al nuevo espacio de la biblioteca general del Instituto de acuerdo a las normas de catalogación decimal universal y se inaugura un programa informático para el registro y préstamo de volúmenes, elaborado por don Mariano Banzo, don Aurelio Rodríguez y don César Vázquez

El año 1990 la nueva dirección del Centro decide la reapertura de la biblioteca general del Instituto que se sitúa en el ala noroeste de la planta baja y que se abre en el propio vestíbulo de la entrada principal del edificio. La nueva instalación pasa a disponer, en sus cerca de 350 metros cuadrados útiles, de 96 armarios de madera de puertas acristaladas con siete anaqueles.
La biblioteca se abre con unos 8.400 registros informáticos de los 14.243 que constan en el libro de registro general.

1990. Los reponsables de la Biblioteca                                                        

La nueva dependencia, atendida por don Aurelio Rodríguez y doña Teresa Bonet, pasó a cumplir una doble función, dentro del plan de bibliotecas. En horario de mañana atendía las demandas del centro. En jornada vespertina, prestó sus servicios a otros alumnos de centros públicos que carecían de este tipo de instalaciones.

En octubre de 1993, el curso en el que el Instituto celebra su 150 Aniversario, don Fernando Blanco es destinado al Instituto como profesor-bibliotecario pasando a ocuparse  del control de la biblioteca en jornada vespertina y nocturna. En ese momento constan en el libro de registro general -que ya es el tercero- 15.882 volúmenes y 9.671 registros en el programa informático.

 

Desde el 150 aniversario hasta la actualidad.

                                                             
Fernando Ramón Blanco MartínLa estadística informática de préstamos, que no fue actualizada desde el principio, nos arrojó un volumen de 17.530 préstamos realizados entre los años 1990/2000.

En el curso 1999/2000 la biblioteca formó parte del Proyecto ENTER, promovido por la Consejería de Educación y se procedió a poner en marcha una sala anexa de informática con varios ordenadores en red, conectados a Internet y en los que se  introdujeron diversos programas de tratamiento de textos, base de datos, hoja de cálculo y diversos programas educativos así como varias enciclopedias, atlas y diccionarios para consulta generalizada de nuestra Comunidad Educativa.

A primeros de marzo de 2000 se había tramitado en el libro de registro, que ya era el cuarto, el volumen numero 23.189 y se tenían contabilizados en el inventario informático 17.450 registros. Los 5.700 registros restantes correspondían, en su mayor parte, al fondo más antiguo de la Biblioteca que se sigue informatizando poco a poco

Como resultado del curso de gestión de bibliotecas escolares que se impartió a través del Servicio de Formación del Profesorado de la Comunidad Autónoma, en colaboración con el PNTIC, se elabora a finales de marzo de 2000 un Programa General para la Biblioteca  en el que, entre otras cosas, quedaba reflejada la situación real de la dependencia en aquella fecha y en el que se incluía un detallado Programa de Animación a la Lectura que sirvió de base al Proyecto de dinamización de la Biblioteca presentado por el centro al concurso convocado por el Ministerio en Junio de 2003.