Principios generales. La biblioteca es, ante todo, un lugar de aprendizaje, de encuentro y comunicación, integrado en el proceso pedagógico para favorecer la autonomía y responsabilidad del alumno. La biblioteca recoge todos los recursos bibliográficos, informativos y didácticos en general: no solo los documentos impresos en papel (libros, revistas, periódicos), sino todos aquellos soportes en los que poder hallar información. La gestión de la biblioteca es centralizada, si bien está en permanente contacto y colaboración con los diferentes Departamentos. La biblioteca está abierta al exterior, relacionándose con su entorno social y cultural, colaborando con otras instituciones utilizando, para ello, las nuevas tecnologías. Objetivos Generales.
Funciones Generales.
Nuestros medios materiales. La Biblioteca se sitúa en la planta baja del edificio con acceso independiente, próximo a la entrada principal del establecimiento. Cuenta con una superficie de unos 400 metros cuadrados útiles, 96 armarios de madera de puertas acristaladas con siete anaqueles, en cada uno de los que se sitúan en la planta baja, y otros cinco los que se sitúan en la galería alta, a la que se accede por unas escaleras de caracol. Dispone de 110 puestos de lectura repartidos en cinco espacios diferentes, alguno de los cuales puede utilizarse para trabajo en grupo, tutorías, o investigación. Hay una sala de informática -anexa- que tiene Actualmente atienden la biblioteca D. Fernando Blanco y Doña Teresa Bonet. SU HISTORIA. (Informe elaborado a partir de los trabajos Desde sus inicios hasta 1896.
Las obras iban a depender de dos organismos diferentes y era necesario esperar a que estos se hiciesen cargo de las distintas cantidades. El Ayuntamiento de Logroño ya tenía partida reservada para las obras que afectaban a las escuelas de la ciudad. Por su parte, el estado aprobó las obras de la biblioteca comprometiendo a la Comisión Provincial de Monumentos en el costeo de 3.000 reales de los 3.972 en que estaban presupuestadas. Finalmente las obras fueron financiadas por la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, que presupuestó los citados 3.000 reales y el resto, por los fondos del propio Instituto. Adjudicadas a Félix Ayala, y una vez finalizadas, este hizo entrega de las mismas en el mes de marzo de 1851. En octubre de 1852, la Ilustre Junta Inspectora y la Dirección del Centro encargan al catedrático don Antonio Osés Irisarri, la formación del índice de los volúmenes incorporados hasta ese momento a la biblioteca del Instituto. Ayudado por don Lázaro Manso Leonardo, también catedrático del centro, lo finalizó en junio de 1853. El primer índice quedó formado por 2.254 volúmenes de los que 2.202 se correspondían a los fondos depositados por la Comisión de Monumentos, que tenía a su cargo los provenientes de los centros religiosos de la capital y de la provincia. También se incluyen en este índice los 52 volúmenes correspondientes a las compras efectuadas con fondos propios del Instituto o a diversas donaciones del ministerio. En septiembre de 1857, Claudio Moyano promulga la Ley de Instrucción Pública y en julio de 1858 se crea el cuerpo de archiveros y bibliotecarios, que debía hacerse cargo de los establecimientos del ramo a los que aquella consideraba dependientes de Instrucción Pública y entre los que se encontraban las bibliotecas. No obstante, los diversos reglamentos de Segunda Enseñanza y los reglamentos del citado cuerpo, fueron dictando que aquellas bibliotecas de institutos a las que se les tenían agregadas las provinciales que no alcanzasen los 5.000 volúmenes, continuasen con el mismo régimen de dependencia y organización del centro por el cual habían sido creadas. Da comienzo así uno de los períodos más fructíferos de la biblioteca en esta primera etapa de su funcionamiento: se realizan mejoras en el espacio físico y se amplían aparadores, se adquieren mesas, sillas y tinteros; se realiza la labor de formar un nuevo índice general de acuerdo al método "Brunet"; se aumenta la dotación económica hasta alcanzar la cantidad de 750 pesetas anuales; se comienza a tramitar el registro provisional de la propiedad intelectual y se aumenta la gratificación del bibliotecario hasta alcanzar las 750 pesetas anuales; la biblioteca se abre al público en general el día 20 de mayo de 1878 en horario de 10 a 13 horas. El Curso 1887/88 los Institutos Provinciales pasan a depender del estado y el reglamento del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios dicta que las bibliotecas de menos de 25.000 volúmenes (denominadas de tercera clase) son de competencia del mismo. La normativa no alcanza sin embargo a esta biblioteca y el 7 de julio de 1891 el rector nombra como bibliotecario al catedrático del Instituto don Roque Cillero Plágaro. En el curso 1890/91, constan las primeras adquisiciones independientes para la biblioteca provincial y para la del Instituto y en el curso 1891/92, el Registro de Propiedad Intelectual, iniciado años antes, pasa a depender de la biblioteca provincial. El 26 de julio de 1892, se dicta el Real Decreto por el que se suprimen distintos cargos en la Segunda Enseñanza con el propósito de restablecerlos más adelante si las circunstancias lo permiten. En cumplimiento de este decreto se suprime la plaza de bibliotecario del Instituto y provincial de Logroño, aunque don Roque Cillero continúa hasta mayo de 1893 por encargo del rectorado. El 12 de junio de 1893 el rectorado nombra al catedrático de Geografía e Historia, don Antonio Torres Tirado, como primer bibliotecario de la particular del Instituto de Logroño que, con carácter gratuito, también lo es de la biblioteca provincial al no haber ningún miembro del cuerpo facultativo correspondiente adscrito a esta responsabilidad. El día 9 de diciembre de 1893 se realiza un inventario de los enseres del instituto y en ellos constan 6.732 volúmenes en la biblioteca provincial y 202 volúmenes en la biblioteca particular confirmando la división de las dos bibliotecas.
Mientras duraron las obras de construcción del nuevo edificio del Instituto, los volúmenes de la provincial fueron depositados en el asilo provincial y la biblioteca particular pasó a los locales que el Instituto ocupó provisionalmente en la calle Barriocepo.
Desde 1896 hasta 1943
El día 5 de abril de 1899 se produce el acto formal de entrega de la biblioteca provincial por parte de la dirección del centro al jefe del archivo de hacienda, don Sotero Irasarri Martínez, miembro del Cuerpo Facultativo, que compartiría durante unos años su trabajo con el de bibliotecario hasta que en 1907 se ocupó en exclusiva de este puesto.
Desde el 15 de mayo de 1932 las bibliotecas provinciales pasaron a denominarse bibliotecas públicas. Durante este largo período debemos reseñar que la biblioteca particular del Instituto se fue enriqueciendo, bien por distintas donaciones de particulares y corporaciones así como por la utilización de los recursos económicos que se ponen a su alcance para nuevas adquisiciones, suscripciones y encuadernaciones diversas. De entre las donaciones merecen destacarse las efectuadas en 1906 por el Senador José Sáenz Luque (170 volúmenes de los siglos XVI/XVII/XVII) y la de otros 472 volúmenes efectuada en 1920 por el que fuera vice-cónsul de Chile y Brasil, Pedro Muñoz Gil. En agosto de 1938 se dicta la Orden sobre organización de bibliotecas en organismos docentes según la cual los jefes de biblioteca de Instituto serán aquellos que ostenten el cargo de las provinciales de Instituto, denominadas públicas. En virtud de esto, el 5 de septiembre de 1938 se nombra a doña Juana Molina Fajardo, del Cuerpo facultativo, al servicio de las bibliotecas del Instituto. Esta facultativa, en 1938 inicia la labor de abrir el primer libro registro de la particular del Instituto, dando un número correlativo a cada uno de las obras que recibe de sus antecesores y cuya secuencia es la que actualmente se sigue. En marzo de 1939 se amplían las normas de servicio de las bibliotecas del Instituto y se propone el préstamo a domicilio y la ampliación de horario de atención al usuario. La jefe de las bibliotecas se encarga de la formación de un nuevo Índice de la particular para ponerla, igual que la pública, a disposición de los alumnos. El curso 1941/42, entre distintas obras de reforma del centro, la biblioteca pública estrenó nuevo local en la planta baja, a la entrada del edificio, Su nuevo bibliotecario, don Ramón Gil Miquel fue también, desde agosto de 1941, bibliotecario de la particular del Instituto que seguía manteniéndose en la primera planta, entre las demás dependencias administrativas. Las estadísticas citadas en la memoria del Centenario del Instituto en el curso 1942/43, hablan de 114 volúmenes prestados a profesores, 1.170 a estudiantes y 249 a otros; haciendo un total de 5.682 obras consultadas. También se cita que el horario de apertura de las Bibliotecas se hace entre las 9'30 y las 13 horas. En los presupuestos de gastos del Instituto para este período, se refleja la dotación de la biblioteca particular del Instituto: 361'78 pesetas en el curso 1896/97, 869'15 pesetas en el curso 1917/18, 1.500 pesetas en el curso 1931/32 o las 8.644'43 pesetas del curso 1940/41. Aprovechando que en Noviembre de 1953 se dicta el Reglamento General de Centros de Enseñanza Media en el que se readscriben las bibliotecas de estos centros y se estipula que estén a cargo de un profesor-bibliotecario, se encarga la dirección de las bibliotecas del Instituto de forma interina, a la profesora adjunta de literatura, doña Luisa Iravedra Merchante a quien sucede, en junio de 1954, también con carácter interino, don José María Lope Toledo. En febrero de 1955, retoma su puesto la facultativa doña Elisa Sáenz de la Torre, que continua en esta función hasta mayo de 1957. El 31 de julio de 1958 se hace cargo de la biblioteca pública don David Torra, quien también se ocupa de la dirección facultativa de la particular del Instituto. Continuó en el cargo hasta 1964. Por acuerdo del claustro, la nueva biblioteca particular de alumnos quedó a cargo del seminario de Literatura, siendo su máxima responsable doña Luisa Iravedra, con el encargo de efectuar las nuevas adquisiciones y la puesta en marcha del servicio de préstamo. Es en ese mismo curso 62/63, cuando constan las primeras 300 adquisiciones, para ésta biblioteca, con independencia de las adquisiciones efectuadas para la particular de profesores, que compartía los armarios de la misma biblioteca general. En el curso 1967/68, dado el creciente número de lectores, se hizo preciso que además de los profesores del seminario, entre los que se encontraban doña Eloísa Piudo Moreno y doña Purificación Martínez Oca, se contase con la colaboración de algunos alumnos para su normal funcionamiento. El presupuesto del Instituto para dotación de sus bibliotecas particulares, señalaba en los años 60/73, entre unas 15.000 y 20.000 pesetas anuales. En la biblioteca general quedan los fondos "antiguos", los fondos "generalistas" y los correspondientes al seminario de Lengua y Literatura, al cargo de los profesores adscritos a este seminario. Destaca, como así se hizo notar en uno de los claustros, la generosa labor de atención al servicio de préstamo, desarrollada en horas de recreo por la profesora de Lengua Española, doña Eloísa Piudo. En el curso 1979/80, con el fin de reunificar los fondos bibliográficos del Instituto, se hacen cargo de la biblioteca general del Instituto, un grupo de profesores de distintos seminarios que se encargan de la labor de control y re-catalogación de los volúmenes repartidos por todas las dependencias del Instituto: El curso 1981/82 se hace un inventario de libros del Instituto que totaliza 7.685 volúmenes, de los que 51 están en la sala de visitas, 63 en la capilla, 4.352 en la biblioteca generall y 3.399 en los Seminarios. El funcionamiento de la biblioteca general del Instituto en la década de los ochenta suscitó diversos debates en el seno del claustro de profesores: adquisiciones de fondos de distintas materias, dotación presupuestaria para la biblioteca general y para las de los seminarios, servicio de préstamos, horario de apertura y responsables de la atención facultativa y diaria de la general. En el curso 1986/87, don Aurelio Rodríguez, profesor de Lengua Española, propone como tema de estudio monográfico del claustro de profesores: "El papel real de la biblioteca", llegando a ser tratado por el propio Consejo Escolar. Entre las conclusiones emanadas de los distintos debates constan la reclamación de la recuperación de la figura del bBibliotecario y el establecimiento de un horario amplio y fijo para la atención de los distintos servicios de préstamo y consulta en la biblioteca general del Instituto. Conociendo que la biblioteca pública estaba desarrollando un proyecto para situarse en otros locales -totalmente independientes del Instituto- la dirección del centro consiguió del ministerio la garantía de la titularidad del Instituto sobre los locales que la pública venía ocupando en la plata baja, comprometiéndose a elaborar un proyecto de re-utilización de los mismos. El 24 de febrero de 1988 el claustro se dio por enterado de que los locales ocupados por la pública ya habían sido desalojados y que las llaves serían entregadas a la dirección del centro por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes a instancias de la Dirección Provincial del Ministerio. En octubre de 1988 se incorpora al Instituto, como profesora especial, doña Mº Teresa Bonet Bordenave- Gassedat que pasa a desempeñar la función de profesora-bibliotecaria a tiempo completo en jornada de mañana. Hechos los arreglos más elementales del espacio que se recibe de la biblioteca pública, la dirección del centro decide liberar el espacio de la biblioteca general, para dedicarlo a nuevas aulas y pasar todos los fondos al nuevo espacio de la planta baja. De esta labor se encarga la nueva profesora-bibliotecaria y, desde enero de 1989, el profesor don Aurelio Rodríguez. A principios del curso 1989/90, siguiendo un plan de bibliotecas que el propio profesor había diseñado, se incorpora con una reducción de jornada docente, como coordinador del citado plan de bibliotecas. Se retoma el libro de registro de volúmenes en el registro 12.821 y se inicia la labor de catalogación de todos los volúmenes que se van incorporado al nuevo espacio de la biblioteca general del Instituto de acuerdo a las normas de catalogación decimal universal y se inaugura un programa informático para el registro y préstamo de volúmenes, elaborado por don Mariano Banzo, don Aurelio Rodríguez y don César Vázquez El año 1990 la nueva dirección del Centro decide la reapertura de la biblioteca general del Instituto que se sitúa en el ala noroeste de la planta baja y que se abre en el propio vestíbulo de la entrada principal del edificio. La nueva instalación pasa a disponer, en sus cerca de 350 metros cuadrados útiles, de 96 armarios de madera de puertas acristaladas con siete anaqueles.
La nueva dependencia, atendida por don Aurelio Rodríguez y doña Teresa Bonet, pasó a cumplir una doble función, dentro del plan de bibliotecas. En horario de mañana atendía las demandas del centro. En jornada vespertina, prestó sus servicios a otros alumnos de centros públicos que carecían de este tipo de instalaciones. En octubre de 1993, el curso en el que el Instituto celebra su 150 Aniversario, don Fernando Blanco es destinado al Instituto como profesor-bibliotecario pasando a ocuparse del control de la biblioteca en jornada vespertina y nocturna. En ese momento constan en el libro de registro general -que ya es el tercero- 15.882 volúmenes y 9.671 registros en el programa informático.
Desde el 150 aniversario hasta la actualidad. En el curso 1999/2000 la biblioteca formó parte del Proyecto ENTER, promovido por la Consejería de Educación y se procedió a poner en marcha una sala anexa de informática con varios ordenadores en red, conectados a Internet y en los que se introdujeron diversos programas de tratamiento de textos, base de datos, hoja de cálculo y diversos programas educativos así como varias enciclopedias, atlas y diccionarios para consulta generalizada de nuestra Comunidad Educativa. A primeros de marzo de 2000 se había tramitado en el libro de registro, que ya era el cuarto, el volumen numero 23.189 y se tenían contabilizados en el inventario informático 17.450 registros. Los 5.700 registros restantes correspondían, en su mayor parte, al fondo más antiguo de la Biblioteca que se sigue informatizando poco a poco Como resultado del curso de gestión de bibliotecas escolares que se impartió a través del Servicio de Formación del Profesorado de la Comunidad Autónoma, en colaboración con el PNTIC, se elabora a finales de marzo de 2000 un Programa General para la Biblioteca en el que, entre otras cosas, quedaba reflejada la situación real de la dependencia en aquella fecha y en el que se incluía un detallado Programa de Animación a la Lectura que sirvió de base al Proyecto de dinamización de la Biblioteca presentado por el centro al concurso convocado por el Ministerio en Junio de 2003.
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